miércoles, 20 de agosto de 2014

Reciclando el dormitorio.

    Después de más de 23 años estábamos un poco cansados de observar noche tras noche los mismos muebles y los mismos tonos verdes pastel en la pared.

    Visitamos varias tiendas de muebles, y lo de siempre, lo que nos gustaba era excesivamente caro, así que un día decidimos empezar con la metamorfosis nosotros mismos.
     Y el primer paso fue comprar dos grandes botes de pintura: uno rojo y otro gris. No lo pensamos, fue algo impulsivo y al día siguiente nos pusimos manos a la obra.



Exactamente, pintamos el techo en  rojo, incluyendo el vestidor, y las paredes en gris.
Esas paredes tan grises contrastaban demasiado con el rojo intenso del techo y por eso decidimos darle un poco de alegría y con plantillas las decoramos de esta forma.

  
 Rematamos los conjuntos florales con alegres pegatinas de mariposas y  pájaros  en relieve.



Evidentemente,  los cuadros clásicos,  que habíamos lucido en las paredes de nuestro dormitorio  hasta ahora,  tenían que ocupar otro lugar,  o simplemente guardarlos en el desván.
Buscamos entre los  escasos cuadros que   Verónica, nuestra hija, no había conseguido vender en su última exposición y estos fueron los elegidos.




Los muebles quedaron tal y como estaban al principio, sólo la cama se cambio. Quitamos  el cabecero, el pie y los largueros, pudiendo así seguir utilizando el somier. Compramos un cabecero de forja  a muy buen precio.
Llegó el turno de vestir con telas la habitación.  En unos grandes almacenes, a un precio excepcional, encontramos el edredón que estabamos buscando.

No tenía cojín, de ahí su buen precio, pero por mi poco compré un retal y lo hice yo.
En el mercadillo compré otro retal de tela e hice las cortinas.  La barra de las cortinas la teníamos guardada en el desván. 


También del desván bajó una vieja descalzadora de nuestros antepasados que convertimos en una modernidad con solo un poco de pintura y una colchoneta que también confeccionamos nosotros.


Me encantan las velas y buscando entre "trastos olvidados" encontré ésta y decidimos ponerla en una de las mesillas.



No hacía mucho nos habían regalado un espejo  confeccionado de manera artesanal. Al fin le habíamos encontrado su sitio.
 





Realmente habíamos transformado la habitación y aquello que en un principio podía haber llegado a la friolera  de 3.000 o 4.000 euros no superó los 150, como mucho. Eso sí, muchas dosis de paciencia y buen humor.

Espero  que esta idea  haya sido de vuestro agrado. 
Si necesitas alguna explicación más detallada sólo tienes que comentarlo y estaré encantada de hacerlo en esta misma entrada.Y no olvides darle a me gusta, en la parte superior derecha de este blog, si la entrada te ha gustado.

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